Mais liberdade

Excerto do meu livro em espanhol — “¿Cuál es el precio de tu libertad?”

Existem tantas razões pelas quais escritores decidem traduzir seus livros para mais de um idioma. Alguns são movidos pelo maior potencial de vendas em outros países, outros pelo alcance que suas obras poderiam alcançar. Para mim, como autora de apenas um livro (Quem disse que todos os millennials são iguais), a razão para traduzir o que eu escrevi vai além disso: eu quero chegar a alcançar o meu círculo de influência.

Essa razão pode não parecer muito ambiciosa a princípio, mas eu entendo o quanto representa para mim transmitir os meus pensamentos para quem eu estimo mais.

É por isso, meus queridos amigos falantes em espanhol, que eu me orgulho em dizer a vocês que acabo de lançar na Amazon a versão do meu livro no seu idioma: “¿Quien dijo que todos los millennials son iguales?”.

"¿Quien dijo que todos los millennials son iguales?".

Vou aproveitar este lançamento para compartilhar com todos vocês um fragmento desta versão:


¿Cuál es el precio de tu libertad?

Crecer en un área rural pobre me hizo pensar que yo nunca tendría suficiente dinero para hacer las cosas que me gustan en la vida. Para no mencionar todo el equipaje que viene con ese estilo de vida, el descontento, la ansiedad y la incertidumbre eran sólo algunos de mis más frecuentes sentimientos durante la infancia.

No puedo decir que llegó a faltar algo en mi casa. Mis padres trabajaban duro, literalmente, de sol a sol, para que nunca faltara lo necesario para mi familia: comida y abrigo. Hasta me sentía privilegiada por asistir a la escuela, lo que mis padres no hicieron, y por tener una mesa repleta todos los días, ya que todo se cultivaba en su pequeña propiedad agrícola.

En la adolescencia, empecé a creer que, si ganaba suficiente dinero, yo podría alcanzar mi libertad (o al menos financiarla). Así que empecé a trabajar a los 13 años de edad. Cuando me gradué en la escuela secundaria ya tenía un trabajo estable y entonces podía pagar las mensualidades de la universidad. Por supuesto, he optado por un curso superior que lograría potencialmente traer un buen retorno a mi inversión financiera.

Mientras estudiaba en la universidad por la noche, yo trabajaba ocho horas al día y pasaba otras tres horas en el tránsito. El poco tiempo que me quedaba para los estudios me hizo valorar aún más a todo. Sentía que el lujo de perder tiempo no era para mí. Así que empecé a leer, estudiar y hacer mis tareas en el camino a casa. En el autobús. Yo estaba dispuesta a hacer todo lo que fuera necesario para aprovechar mejor mí tiempo.

He seguido trabajando hasta cumplir los 21 años de edad. En aquel momento, aprendí una de las mayores lecciones de mi vida: yo ya no podía usar mi bien más precioso (el tiempo) sólo a cambio de dinero, porque eso me dejaba cada vez menos libre, y cuanto más dinero ganaba en mis últimos empleos, más aprisionada me sentía, porque estaba más agotada de tanto trabajo.

Mi decisión fue romper este ciclo. Yo estaba decidida a correr detrás del tiempo perdido e ir en busca de mi libertad. En este momento, yo dejé todo para viajar.

La mayoría de nosotros creemos que queremos lo mismo. Apuesto a que muchos de ustedes quieren hacerse ricos y abandonar sus empleos para viajar por el mundo. Pero tal vez no sea exactamente eso. Lo que todos queremos es la libertad. El dinero hasta puede ser irrelevante – ese es sólo el medio para un fin: el dinero sirve para financiar nuestra libertad.

Pero en cuanto a nuestra libertad ¿cuesta? ¿Y cuánto necesitamos? ¿Estamos dispuestos a pagar el precio?

Siempre que escribo una lista de las cosas que valoro, la libertad aparece en la cima. Entonces, ella debería ser el aspecto más importante de mi vida. Quiero ser totalmente libre.

Vea que a los diez meses de edad empecé a caminar. A los cuatro años ya sabía leer y escribir algunas palabras. A la misma edad, yo quería preparar mi comida, cargar mis cosas y cepillarse mis dientes. Quería hacer todo sola. Yo decía a mis padres que no necesitaba tanta ayuda. Aunque este comportamiento es común para un niño, continué actuando de la misma manera.

Para mí, la libertad no significa sólo viajar o tener suficiente dinero para comer en buenos restaurantes, pero también saber que soy completamente libre, que no responda a nadie y que puedo cambiar de idea de un día para otro. Yo vivo de esta manera, probablemente más que la mayoría de la gente, pero no tanto como alguien con libertad como su principal prioridad debería. Aquí está el por qué: No estoy segura de que estoy dispuesta a pagar el precio.

Después de pasar algún tiempo con mis buenos amigos que tienen familias y relaciones maravillosas, me di cuenta de que la libertad viene con un precio muy alto.

Soñar en convertirse en un millonario y todas las cosas que haríamos si tuviéramos todo ese dinero es fácil. Es siempre seguro decir que aún no llegamos allí y, por lo tanto, permanecemos esclavizados en la oficina. Decimos que no podemos tener libertad porque no somos lo suficientemente ricos. Pero eso no es verdad.

No tener los recursos puede causar un retraso en el camino, pero si todo lo que deseáramos fuera libertad y estuviéramos dispuestos a hacer lo que fuese necesario, llegaríamos tarde o temprano. Encontraríamos una manera de tener más dinero, cuanto antes.

Creo que soy ambiciosa, trabajo duro, tengo una buena educación, entonces ¿por qué todavía no soy libre? ¿Por qué tengo que seguir pagando el financiamiento de mi departamento por más cinco años? ¿Por qué todavía estoy tratando de construir amistades que no funcionan? ¿Por qué no he iniciado mi propio negocio?, o ¿por qué no me fui a vivir en una isla para nunca más ser vista?

La verdad es que no estoy segura de qué hacer con mi libertad, o estuve engañada por todo ese tiempo y la libertad no es mi prioridad. Tal vez, mis compromisos y relaciones sean más importantes que tomar champán en una terraza en el sur de Francia por el resto de mi vida. Además, necesito compañía. Siendo tan independiente, ¿quién estaría conmigo en la jornada para la total libertad?

Eso no es todo. Con absoluta libertad, no hay nadie en quien confiar. No hay nadie a quien culpar. No hay nada más de que preocuparme. De repente, todo depende de mí. No necesito agradar a mi jefe, no necesito llevarme bien con mis compañeros de trabajo, no tengo que comprometerme con nada más. Las elecciones son todas mías, y la responsabilidad también. Para cuidar de mí, ganar dinero, llenar el tiempo, construir relaciones, encontrar algo significativo, aprender y crecer, e incluso para hacer la diferencia, todo depende de mí.

Y eso me asusta, no lo puedo negar. Pero también estoy empezando a preguntarme cuánto vale mi libertad. Tal vez, me han engañado con la idea de la libertad y he estado pagando demasiado por ella. Tal vez, hacer un sabático cada diez años sea suficiente para ¿sentirse libre?, tal vez, ¿más días viajando de vacaciones y algunas fiestas, o incluso un hobby, tendrían el mismo efecto? Entonces, necesitamos negociar con la libertad. ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por ella? ¿Lo más importante, para que la necesitemos y cómo queremos vivir cuando nos volvamos libres?

Tal vez no necesitamos millones en el banco para sentirnos libres. Sólo necesitamos mantener nuestras prioridades claras. Personalmente, voy a dejar la libertad en otra ubicación en mi lista de prioridades, después de las relaciones y del amor.


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